Nada. Eso es lo que había en aquella estancia en la cual me encontraba y a la cual no tenía idea de como había llegado.
El respirar era pesado, como si el oxigeno que ahí se encontraba era el esencial, como si cada inhalación de esa esencia de vida restase tiempo a lo que quedaba de la mía.
No tenía idea alguna de que podía ser aquel lugar.
Sin saber exactamente en que dirección, empecé a caminar. Al poco me topé con una pared, lisa y sin nada en ella. Era aquello pues un cuarto, encaminé mi rumbo al contrario del anterior. Encontréme con otra pared y como si del mismo se tratase, vacía y lisa se encontraba.
¿Me había raptado? ¿Dónde podía ir? ¿Qué podía hacer?
Decidí no mas vuelta dar y me rendí, tireme en el suelo y como un ovillo, me enrollé en mí.
No sabría decir cuanto fue el tiempo en el que con mis brazos cogía mis piernas y mi cabeza escondía entre ellas, cuando sin previo aviso, un pequeño haz luz cual conforme iba levantando mi cabeza se iba haciendo mayor.
Observé. Parecía haberse abierto una puerta, un incandescente rectángulo, luz cual mas blanca no podía ser.
Apareció tras un rato de observación lo que distinguí como una figura humana, aunque solo en sencillos contornos. De pronto se le dibujó una sonrisa.
No se porqué pero sentí que tenía que llegar hasta aquella figura cual de género desconocido me sonreía, sentí... que tenía que pasar por aquel portal que como una luz al final de un túnel se me aparecía...
Acerqueme, mas y mas, y de pronto, aquel haz fue menguando y el contorno desapareciendo, siendo su sonrisa lo último en marchar...
Desesperado choqué contra una pared, una pared donde debía haber estado aquel portal, aquel haz, aquella sonrisa... aquella gran y breve esperanza.
¿Qué sería pues de mí en aquel lugar?
Tengo bien claro que de esto quiero hacer una continuación, aunque aun tengo que pensar un poco como llevarla, pues se me presentan diversas ideas. Espero que no les moleste haber leído para llegar a un final cual no es final.
El respirar era pesado, como si el oxigeno que ahí se encontraba era el esencial, como si cada inhalación de esa esencia de vida restase tiempo a lo que quedaba de la mía.
No tenía idea alguna de que podía ser aquel lugar.
Sin saber exactamente en que dirección, empecé a caminar. Al poco me topé con una pared, lisa y sin nada en ella. Era aquello pues un cuarto, encaminé mi rumbo al contrario del anterior. Encontréme con otra pared y como si del mismo se tratase, vacía y lisa se encontraba.
¿Me había raptado? ¿Dónde podía ir? ¿Qué podía hacer?
Decidí no mas vuelta dar y me rendí, tireme en el suelo y como un ovillo, me enrollé en mí.
No sabría decir cuanto fue el tiempo en el que con mis brazos cogía mis piernas y mi cabeza escondía entre ellas, cuando sin previo aviso, un pequeño haz luz cual conforme iba levantando mi cabeza se iba haciendo mayor.
Observé. Parecía haberse abierto una puerta, un incandescente rectángulo, luz cual mas blanca no podía ser.
Apareció tras un rato de observación lo que distinguí como una figura humana, aunque solo en sencillos contornos. De pronto se le dibujó una sonrisa.
No se porqué pero sentí que tenía que llegar hasta aquella figura cual de género desconocido me sonreía, sentí... que tenía que pasar por aquel portal que como una luz al final de un túnel se me aparecía...
Acerqueme, mas y mas, y de pronto, aquel haz fue menguando y el contorno desapareciendo, siendo su sonrisa lo último en marchar...
Desesperado choqué contra una pared, una pared donde debía haber estado aquel portal, aquel haz, aquella sonrisa... aquella gran y breve esperanza.
¿Qué sería pues de mí en aquel lugar?
Tengo bien claro que de esto quiero hacer una continuación, aunque aun tengo que pensar un poco como llevarla, pues se me presentan diversas ideas. Espero que no les moleste haber leído para llegar a un final cual no es final.
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