Llego y descubro que no está, no está quien yo deseo que esté.
Soy yo mero morador de eso a lo que llamo hogar.
Soy yo ilusionista y de ilusiones, mías y de nadie más salvo a lo mejor ella, me alimento.
Llego, no está, lo pienso y ante mí la veo. Aparece quien grandísima importancia tiene en mi vida, aparece pero es solo una ilusión, ilusión la cual al alejarme de la locura que me invade y volverme cuerdo, desaparece.
Querría yo vivir en ese mundo de ilusiones, donde ella y este, caballero que escribe estas palabras, vivan felizmente en un lugar que perfectamente, valga la redundancia, podría ser llamado utopía.
Así lo desearía una parte de mi ser, pero la verdadera decisión es vivir la realidad, realidad que realmente mal no está, salvo por problemas varios y como no, la espera que ambos como príncipe y princesa que esperan sus encuentros en una torre, la esperamos nosotros.
Soy yo mero morador de eso a lo que llamo hogar.
Soy yo ilusionista y de ilusiones, mías y de nadie más salvo a lo mejor ella, me alimento.
Llego, no está, lo pienso y ante mí la veo. Aparece quien grandísima importancia tiene en mi vida, aparece pero es solo una ilusión, ilusión la cual al alejarme de la locura que me invade y volverme cuerdo, desaparece.
Querría yo vivir en ese mundo de ilusiones, donde ella y este, caballero que escribe estas palabras, vivan felizmente en un lugar que perfectamente, valga la redundancia, podría ser llamado utopía.
Así lo desearía una parte de mi ser, pero la verdadera decisión es vivir la realidad, realidad que realmente mal no está, salvo por problemas varios y como no, la espera que ambos como príncipe y princesa que esperan sus encuentros en una torre, la esperamos nosotros.
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